LA SALUD ¿ES UN NEGOCIO?
En los últimos tiempos se han leído y escuchado muchas declaraciones sobre que la salud no debe ser un negocio dado su carácter de derecho natural de la persona humana.
Le asiste la razón a quien así imagina un mundo mejor y mas justo, como también la tendría quien dijese lo mismo sobre los alimentos, la vivienda, la educación, la seguridad, y tantos otros derechos que los humanos de estos dos últimos siglos hemos establecido como imprescindibles e inalienables para todos los que habitamos este planeta.
La realidad de estas sociedades del siglo XXI derrota, en forma incuestionable, a los bien intencionados humanistas que, con encomiable esfuerzo y sacrificio, basados en los postulados aludidos, entregan su trabajo, y su propia vida, intentando poner en práctica utopías en un mundo cada día mas capitalista, individualista y egoísta.
Es entonces que nos encontramos ante la paradoja de que si bien la salud no debiera ser un negocio es impensable pensar que, en una economía global capitalista, la misma pueda dejar de serlo.
No existe la mas mínima posibilidad de imaginar un sistema de salud que no respete la reglas generales de la economía, en el que la inversión y el trabajo no tengan la justa remuneración, en el que no se respeten las reglas generales del mercado y la certeza jurídica.
Pero quizá sea bueno profundizar en el área específica de nuestra competencia, los medicamentos.
La industria del medicamento es una de las de mayor expansión y crecimiento en el mundo, con una alta tendencia a la concentración de empresas, con enormes volúmenes de dinero involucrados, y, sin duda, con una de las mayores rentabilidades del mercado. Dicho de otra manera, es un negocio.
Lo que no se puede ignorar es que este negocio, la industria del medicamento, es la que financia la casi totalidad de la investigación respectiva, y buena parte de la médica, que emplea millones de personas, que genera enormes cantidades de divisas a los países exportadores, y que es fundamentalmente innovadora y productiva.
Asimismo, el mercado mundial de medicamentos, es altamente competitivo, en el se desarrollan conflictos empresariales, conflictos nacionales y hasta conflictos geopoliticos. En este mercado existen empresas de toda índole, las que desarrollan e investigan, las que solo producen, las que copian, en fin existen todas las alternativas posibles de un negocio. Y así como existen las empresas, existen los productos, buenos, malos y mediocres, nuevos y viejos, innovadores y antiguos, probados y de dudosa eficacia. En fin todo lo que se ve en un negocio.
Pero la industria no es la excepción, para el resto de las áreas de la salud, prestadores de servicios sanitarios, proveedores de insumos, médicos, enfermeros, auxiliares, químicos, etc, la salud también es un negocio, un negocio del que todos cuidan con celo, ya que de el dependen el techo y el sustento de sus familias.
La salud es un negocio sin duda alguna, y un negocio muy importante. Lo que entre todos debieramos quizá definir es que tipo de negocio queremos que sea, si uno en que los que tienen mas poder y riqueza cada vez acumulen mas, donde el que mas tenga compre mejor, donde existan incluidos y excluidos, o un negocio del que vivan la mayor cantidad de personas posibles, donde prioricemos el trabajo sobre la especulación, donde se reinvierta para mejorar productos y servicios, donde uno sea parte del todo y todos seamos uno.
Las farmacias comunitarias del interior somos un negocio, un negocio donde nos esforzamos diariamente, desde hace 250 años, para que este negocio sea una realidad tangible, para que todos los días nuestras puertas estén abiertas, para que el estado reciba lo suyo, para que los medicamentos estén, y lo estén en cantidad suficiente, para que el usuario obtenga todas las alternativas de calidad precio que busca, en fin, para que quien nos visita salga convencido de que no hay mejor farmacia que la del barrio, la del pueblo.
Quizá por esto es que no aceptamos dispensar gratuitamente, que nos rebelamos contra los planes inconsultos, contra la falta de participación.
Quizá por esto es que continuamos con este humilde discurso, con esta obsecuencia de golpear puerta tras puerta intentando convencer de lo evidente, con esta prédica hacia adentro y hacia fuera, para que los nuestros no se entreguen y para que los otros nos comprendan.
La salud es un negocio, hagamos de él un negocio sano, un negocio productivo económica y socialmente, generador de igualdades, de inclusiones, hagamos de la salud el negocio de todos y para todos.
HAGAMOS DE LA SALUD UN NEGOCIO SANO !!
Comisión Directiva