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ENCUESTA
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¿Cuál es su posición en relación al nuevo Sistema de Salud?
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EDITORIALES


Libre mercado

Hemos llegado, a un punto de inflexión en la realidad de la farmacia uruguaya.
Durante muchísimo tiempo hemos insistido, en todos los ámbitos posibles, en mantener (y retomar en toda su dimensión) el concepto de farmacia tradicional, lo que, a todas luces, implica un concepto sanitario de la misma.
Creíamos en una farmacia comunitaria dedicada principalmente a la actividad de dispensar los medicamentos que los ciudadanos necesitan, y en este marco suscribimos numerosos documentos en nombre de AFI y en conjunción con muchos otros actores de esta actividad.
No pocas desilusiones hemos recogido en estos años, producto del rumbo tomado por las autoridades sanitarias y de las acciones o inacciones de los demás actores del medicamento.
Muy bien, reconociendo que no hemos conseguido convencer sobre el camino a seguir, sin renunciar a él ni a la acción político gremial en pos de ideales superiores, pero convencidos que como dirigentes debemos ser pragmáticos, eficientes y eficaces, estamos dispuestos a pegar un violento golpe de timón en el rumbo de nuestro trabajo, e intentar dirigir la nave a nuevos puertos que, al menos, aseguren la supervivencia de una amplia mayoría de nuestras farmacias.
Ser dirigente de AFI implica cumplir con varios requisitos que hacen a nuestro deber como administradores de los bienes comunes, pero fundamentalmente debemos ser, además de fieles representantes de todas las farmacias del interior y de su enorme diversidad, líderes y conductores en la propuesta y la acción sobre las inevitables transformaciones que la realidad impone.
No debemos, ni queremos, rehuir a esta enorme responsabilidad y es por ello que, a riesgo de poder ser incomprendidos o desestimados, nos abocamos con todas nuestras fuerzas a intentar impulsar estas imprescindibles transformaciones.
La realidad ministerial y del propuesto Sistema de Salud nos empuja a asumir en su cabalidad nuestro rol de comerciantes y empresarios, aun si fuera en desmedro de nuestra función sanitaria, y buscar caminos que nos permitan competir con los otros dispensadores, los que siendo varias veces subsidiados (por el precio de compra de los medicamentos, por la propia cuota mutual, por la exoneración del IVA, del IRIC, etc.), dan dura batalla para continuar comerciando con aquello que la propia ley les prohíbe.
Debemos asumir que el tique continuará bajando, y que su piso es aún desconocido; al mismo tiempo, se irán integrando, cada día, más usuarios al sistema, hasta abarcar a la casi totalidad de los uruguayos. Por tanto nuestro mercado continuará reduciéndose hasta pasar a ser virtualmente inexistente.
Convengamos en que, al llegar a este punto, nuestro reclamo de comprar los medicamentos al mismo precio que el Estado o el mutualismo dejará de tener sentido, y que el famoso “mix” no tendrá mas la “pata sana” que lo sostenga, por lo que nos encontraremos ante un mercado dominado por estos actores y seguramente de precios únicos.
Será ese el instante en el que las farmacias podremos demostrar que realmente podemos competir con el tique mutual, ya que a precios iguales somos mucho más económicos, eficientes y eficaces, que el resto del sistema sanitario. Es mas, y dicho sea en un arrebato de total falta de modestia, nos atrevemos a afirmar que, a precios iguales, los usuarios nos eligen en un 99% de los casos, por nuestra calidez al atenderlos, la confianza que ofrecemos y nuestra verdadera vocación de servicio.
Pero para poder demostrarlo deberemos sobrevivir, deberemos mantener nuestras farmacias abiertas, deberemos continuar pagando nuestros impuestos y demás obligaciones; nuestros funcionarios deberán continuar trabajando y recibiendo sus salarios.
Y es por esto que debemos aggiornarnos, que debemos modernizarnos; asumirnos como comerciantes con todo lo que ello implica y transformar radicalmente la gestión, el funcionamiento, y la visión que hoy tenemos de nuestra función.
La realidad del Cono Sur en el que nos encontramos, nos muestra a las farmacias como establecimientos netamente comerciales, donde el capital, la rentabilidad, la participación en el mercado, y la negociación de las condiciones comerciales con los proveedores, son la moneda corriente en Chile, Argentina y Brasil.
¿Por que entonces negarnos a nosotros mismos esta posibilidad? ¿Por qué no asumir en su cabalidad nuestra condición de comerciantes y empresarios? Si no se ha escuchado nuestra anterior prédica no habrá sido ni por falta de voz ni de argumentos, por tanto asumamos que debemos cambiar la misma y el encare de nuestra actividad.
En nuestro país se esta dando una importante concentración de capital en el mercado de las farmacias. Este fenómeno ocurre desde hace unos años ya, pero se ha manifestado con mayor virulencia en los últimos y mayormente en la capital del país.
Cada día aumenta el número de locales de varias empresas, sean estas grandes o medianas; y al mismo tiempo se produce el aumento de las unidades transadas por otras con la consecuente concentración del mercado en algunos pocos puntos.
En el pasado nos hubiésemos plegado a la enorme masa a aquellos que se quejan por esta concentración, y que temen verse engullidos por este feroz crecimiento de algunos.
En el pasado no comprendíamos que estábamos en un mercado de libre competencia y que el mantenernos o no en él dependía de nuestra propia habilidad para hacerlo.
Como decía el prócer “nada podemos esperar si no de nosotros mismos”
Hoy hemos dejado de lado, de una vez y para siempre, los llantos y las quejas, los reclamos y las resignaciones. Hoy asumimos cabalmente nuestro papel como empresarios y salimos al mercado a dar batalla por una parte del mismo.
Con el debido respeto a la ley, que debemos prestar y exigir, con la misma vocación de servicio de siempre, pero con la absoluta convicción de que la lucha se dará en un terreno diferente al que hubiésemos deseado, nos introducimos fuertemente al mercado, nos adaptamos a sus reglas, asumimos nuestra absoluta orfandad, y proponemos herramientas para transitar este duro camino en compañía de nuestros colegas.
A aquellos que, y no importa el motivo, no concurrieron a la última asamblea extraordinaria, les convocamos a informarse, a preocuparse por lo propuesto.
La dirección de AFI solo puede oficiar de disparadora y facilitadora de estos procesos de cambio, pero no puede cambiar vuestras empresas, ni vuestras cabezas, ya que ellas a ustedes pertenecen.
El cambio será aquel que cada uno de ustedes, y en conjunto, sea capaz de llevar adelante.
Nosotros procuraremos que no existan mas excluidos que aquellos que así lo elijan; pero ni podemos ni debemos arrastrar a nadie; cada uno será responsable del camino que tome o deje de transitar.

Por Comisión Directiva de AFI,

José Maria Da Silveira
Secretario

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